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Cómo hacer la croqueta perfecta


Ah, la croqueta… Pocas cosas hay tan humildes y deliciosas. Tantos amantes tienen que el 16 de enero es el Día Internacional de la Croqueta. Pero, ¿es posible hacer la croqueta perfecta? Os lo contamos a continuación.

croqueta perfecta






Aunque son parte fundamental de la cocina española, resulta que el origen de las croquetas es en realidad francés. Nacieron en el país vecino a principios del siglo XVIII. Aunque hoy se asocian a la cocina casera y humilde, al principio eran un manjar de reyes.

Y es que las referencias que hay de ellas indican que nacieron nada menos que en la corte y las cocinas de la nobleza, donde las croquettes à la royale se servían en las fiestas.

croqueta perfecta

A pesar de su origen francés, las croquetas se comen en muchos otros países. Es bastante popular en Alemania, Bélgica, Italia y Holanda. Hasta los japoneses tienen su propia versión de este plato. Y por supuesto, en España son toda una institución.

La croqueta perfecta tiene que ser cremosa por dentro y crujiente por fuera. Por algo se llama croqueta, que viene del francés croquer, que significa crujir.

¿De qué las podemos hacer? Prácticamente de cualquier cosa que imaginemos. Aunque las clásicas suelen ser de jamón o pollo, la lista de variantes es casi infinita. Las de cocido, setas, morcilla, queso, pescado… Cuando hablamos del relleno, el cielo es el límite.

La croqueta perfecta, el secreto está en la masa

Pero hay una cosa fundamental para lograr la croqueta perfecta: la bechamel. Tiene que ser ligera, pero no demasiado líquida. La medida puede ser: por cada litro de leche 100 gramos de mantequilla y algo menos, unos 90, de harina.

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Usar una buena mantequilla hará que la bechamel quede mucho más sabrosa. Y por cierto, la mantequilla y la harina deben mezclarse primero. Y despacio. Cuanto más tiempo tengamos la mezcla a fuego lento mejor. Así la harina se irá cocinando poco a poco. Y la bechamel no tendrá sabor a harina en crudo.

Cuando tengamos hecha la mezcla, que se llama roux, es cuando podemos empezar a mezclarla con la leche. Y entonces… remover, remover, remover. Sin parar. La croqueta perfecta no puede tener ningún grumo.

Otro truco: las croquetas deben hacerse con la masa fría para moldearla mejor y que sea más resistente. Así que lo mejor es dejarlas hechas de un día para otro. Pero eso sí, una vez fritas deben consumirse. Recalentarlas las arruinará, incluso aunque nos haya salido la croqueta perfecta.

Bon Appetit!

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